Desde que Alois Alzheimer lo describiera en 1906 por primera vez, los conocimientos científicos acerca de esta enfermedad han avanzado mucho. No obstante, todavía no tenemos una cura definitiva para una enfermedad que puede afectar del 5% al 10% de los pacientes mayores de 65 años y con una gran repercusión en la vida de estos pacientes y en todo su entorno familiar.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta con deterioro cognitivo y trastornos de la conducta. Las alteraciones se desarrollan de forma progresiva desde una fase leve, moderada y finalmente grave. El diagnóstico se realiza con la entrevista con el paciente (anamnesis), el estudio neuropsicológico y con la ayuda de pruebas complementarias (Resonancia magnética nuclear y tomografía PET), pero este suele realizarse en fases avanzadas.
Sin embargo lo que realmente sería útil para avanzar en la investigación sobre la enfermedad y posibles terapias sería tener la capacidad de realizar un diagnóstico precoz.

Para la detección de fases iniciales se buscan estudios funcionales como el PET (que detecta las partes del cerebro que consumen glucosa) u otros más novedosos como el PET amiloide, técnica de medicina nuclear que detecta la presencia de la proteína amiloide b relacionada directamente con la enfermedad.

En los últimos años existe una línea de investigación que busca marcadores de fases iniciales de la enfermedad a través de la observación de la retina. Esto es posible porque puesto que la retina es tejido cerebral puede experimentar cambios cuando existen enfermedades neurodegenerativas. Pero lo bueno de la retina es que podemos observarla directamente, cosa que no ocurre con el resto del cerebro, porque todos los tejidos por delante de la retina son transparentes para poder dejar pasar la luz a su través. Además, esta es una exploración rutinaria en las consultas de los oftalmólogos.

En la actualidad existen equipos de diagnóstico avanzado de la retina basados en técnicas de interferometria óptica conocidas como OCT y angio-OCT. Se trata de exploraciones rápidas (5 minutos por ojo), no dolorosas ni invasivas, y totalmente inocuas. Con el uso e investigación de estas pruebas se ha comprobado que el espesor de la capa de fibras de la retina y en la vascularización de la macula están alterados en los pacientes afectados de Alzheimer. Otros grupos de investigación han conseguido incluso detectar depósitos de amiloide directamente en la retina de los pacientes a través de un láser confocal y auto fluorescencia (lo cual permitiría un diagnóstico de la enfermedad mucho más precoz, incluso antes de que diera la cara.
No podemos decir que ya tengamos límites definidos que nos permitan usarlos en nuestra consulta para predecir qué pacientes padecerán Alzheimer, pero sí que estamos en el buen camino para obtener protocolos que nos permitan aplicar estos tests diagnósticos a nuestros pacientes, y diversos grupos de investigación están trabajando en refinar estos protocolos. Espero que pronto los oftalmólogos podamos colaborar con los neurólogos en la detección y seguimiento de esta enfermedad.

Dra. Eva María Salinas Martínez
Dr. José I. Belda Sanchis

Clínica Oftalmológica Visionker en Torrevieja.