EL JARDÍN DE LAS PERTURBACIONES
Cuando tu hija se convierte un día en tu nuera, tu hijo en tu cuñado, tu mujer en una intrusa, tus nietos no tienen nombre…
Cuando tus vecinos se convierten en enemigos, la gente de la calle en invasores, los dependientes de las tiendas son el maligno que viene a por ti, las mascotas son animales venidos del infierno para destrozarte…
Cuando la pernera de tu pantalón está aliada con el cuello de tu camisa para convertir los cinco minutos que se tarda en el vestir en una hora de reloj, un reloj que a su vez se alía con el tiempo para esconder el sol cuando no toca y cambiar la hora de la comida para no darte de comer, mientras tus zapatos juegan al despiste cambiándose de pie…
Cuando cada cartel de publicidad en la calle está puesto ahí estratégicamente para encontrarte, a ti, a los tuyos, a tu casa, a todo lo que quieres y te importa, y una vez localizados ser exterminados…
Cuando los coches son tanques y maquinaria pesada sacada de una película macabra y los autobuses y camiones son las naves nodrizas que van a por ti para aniquilarte…
Cuando todo es una gran conspiración para acabar contigo, porque esa es la única conclusión a la que tu cerebro puede llegar al encontrarse tan perdido, cuando ya tienes claro que esa es la única verdad, y nadie puede convencerte de lo contrario, es normal vivir con miedo y en alerta continúa, no puede ser de otra manera…
Y cuando ya creías que no podías llegar más lejos en ese infierno de la demencia que te hace ver el mundo como un «Jardín de las Perturbaciones»…entonces llega el caos más absoluto a tu ser, no te reconoces a ti mismo, el reflejo en el espejo es un extraño, por un instante dudas, no sabes qué está ocurriendo, después lo tienes claro, es un maldito bastardo más que viene a perturbar tu mente, tú tenías razón y el mundo entero está en tu contra, eres tú contra el Universo, y tienes que ganar para seguir sintiendo, para seguir amando, porque eso es lo único que como un hilo de tela de araña te mantiene unido a este mundo, a los tuyos, a ti mismo, esa débil y cada vez más pequeña memoria del sentimiento que te hace sentir, que no saber, que te queremos y nos quieres…
Imaginad por cinco segundos vivir así continuamente, intentad sentir el pánico que llegaríamos a sentir si al salir a la calle solo veis rostros desconocidos salidos del Averno que te atacan sin más…
Pensad qué sentiríamos si nuestro yo del espejo nos copia con mofa para suplantar nuestra identidad y robarnos nuestro todo…
¿Podéis sentir el pánico?
¿Sois capaces de esbozar el terror que supone vivir así?
Y si fuéramos el que está al lado cuando esas demencias se convierten en paranoias y tuviéramos que hacernos entender en un idioma imposible que nadie comprende, mientras ves en sus ojos el terror al mirarte sin conocerte que se convierte en vacío al instante…
¿Seríamos capaces de soportar tanto dolor?
Sí, podemos, lo soportamos porque es más grande el amor y la ternura que desprenden que su odio y su miedo incontrolable…
Aunque cuando entiendes que por momentos no saben quién eres y que quieres su bienestar, entiendes que son capaces de convertir ese odio sin sentido en ira, y te duele, te desgarra, te resquebraja por dentro, te duele el alma, no tanto por lo que te diga o haga ese demonio que le ha poseído porque sabes que no es él, es dolor por saber que no puedes evitar ese sufrimiento, es frustración y rabia incontenible por no poder pasarle tus: pensamientos, toda tu memoria, para que te conozca, nos conozca, SE RECONOZCA!!!!
#LuchemosPorLaMemoriaDelSentimiento
Marga Donat Ibarra ( hija de familiar afectado de Alzheimer y usuario de AFAE, Asociación de Familiares de Personas con Alzheimer de Elche)
26/7/2018